de Centro de Salud Mental Psiquesalud, el miércoles, 30 de enero de 2013 a la(s) 23:53 ·

Prof. Nick CraddockProfessor Department of Psychological Medicine & Neurology. Cardiff University School of Medicine

Si bien muchas personas apoyan la necesidad de comprender mejor la salud mental, incluso individuos sumamente inteligentes o de actitudes abiertas, con frecuencia, sostienen opiniones dogmáticas, aunque desinformadas, sobre la enfermedad mental.

Este pensamiento se extiende a científicos biólogos, ganadores del Premio Nobel e incluso miembros de paneles de otorgamiento de subsidios. Muchas opiniones ingenuas parecen basarse en la extrapolación de conocimiento de situaciones de distrés mental relativamente leve. No obstante, esta extrapolación no es válida.

Consideremos la suposición común de que toda depresión es consecuencia de la incapacidad para enfrentar la vida, una debilidad de carácter. Si bien esta opinión puede ser válida para la depresión leve, es deplorablemente inadecuada para la depresión severa acompañada de estupor o delirio, situaciones que pueden poner en riesgo la vida. Por el contrario, pocas personas se sentirían cómodas haciendo generalizaciones similares acerca de las causas y el manejo de la enfermedad cardiovascular severa (por ejemplo, infarto de miocardio) basándose en sus observaciones de personas que se quedan sin aliento al hacer ejercicio.

Tanto en la prensa científica como en la no especializada, las enfermedades psiquiátricas se debaten de una manera más acalorada, dogmática y menos útil que las enfermedades no psiquiátricas. Un ejemplo fue el furor en los medios en torno al informe que sostenía que las variantes genómicas estructurales raras son más comunes en casos de Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) que en los controles.

A pesar de manifestar todas las salvedades relacionadas con la complejidad de la causalidad y la importancia de los factores ambientales, algunos comentaristas expresaron gran inquietud por que el TDAH se considerara un “trastorno genético”. Si se hubiera utilizado la misma expresión para hacer referencia a la enfermedad coronaria o a la diabetes, no se hubiera generado un debate tan controvertido. Y, sin embargo, la evidencia de la influencia genética en el TDAH es tan convincente como la de estas enfermedades físicas. Todas incluyen una compleja combinación de genes y ambiente.

Una mayor comprensión de la neurociencia básica, junto con herramientas humanas de investigación, como la genética molecular y las imágenes cerebrales multimodales, ofrecen la oportunidad revolucionar el diagnóstico y el manejo de la enfermedad mental en las próximas dos o tres décadas. No obstante, aprovechar esta oportunidad requerirá que todos adoptemos actitudes abiertas y que nos basemos en la evidencia y no en los prejuicios. Esto incluye a los políticos, al público, a los profesionales, a los financiadores y a los paneles de otorgamiento de subsidios, así como a los investigadores.

Por el bien de todos aquellos cuyas vidas se ven afectadas por la enfermedad mental severa, debemos actuar y no sólo hablar.

“A man with an approaching depression, represented by encroaching devils”.